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Detrás de muchas historias de superación, acompañamiento y apoyo hay profesionales
cuya labor resulta esencial, aunque no siempre sea suficientemente visible. Es el caso de
los profesionales de Trabajo Social. Hoy queremos insistir en su importancia para orientar,
acompañar y defender los derechos de las personas con discapacidad intelectual.
Esperamos que esta entrevista con Silvia Pereira Bartolomé ayude a comprender la
importancia de un trabajo que va mucho más allá de la gestión de recursos, pues también
implica escuchar, apoyar, comprender cada realidad y ofrecer respuestas y oportunidades
para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual de Adido y
Aspamadis y de sus familiares. Os animamos a conocer qué hace, cuáles son los retos que
afronta, qué es lo más gratificante de sentirse parte de nuestra familia, pero también que
debemos corregir como sociedad si queremos que inclusión sea una realidad y no un sueño
demasiado lejano. Una profesional con experiencia que sabe que con nuestro/as chico/as
todo es siempre natural, “nada es fingido”.


Silvia es trabajadora y perito social además de mediadora familiar. Vive su profesión con
enorme vocación, la misma que encontró en aquella profesional que se cruzó en su camino
siendo niña, y que no solo facilitó recursos para atender sus necesidades sino que la hizo
sentirse escuchada. Acompañamiento, inclusión y sociedad son las tres palabras que, en
su opinión, definen su labor porque como aclara no se trata sólo de analizar las
necesidades de cada persona sino también de su entorno familiar, pero además se trata de
gestionar los recursos que precisen, asesorar y asegurarse de que comprenden la
información y sobre todo “se trata de acompañar”. Antes de seguir, cree que es necesario
dejar bien claro que la función de una trabajadora social “no es simplemente asistencial””,
sino una figura de referencia, que acompaña, detecta necesidades, defiende derechos y
facilita el acceso a los recursos y oportunidades disponibles.


Es decir, su función en Adido combina la atención directa con la orientación, la mediación y
la defensa de la autonomía para favorecer una verdadera inclusión social y una mejor
calidad de vida de cada persona. Y hablando de inclusión, Silvia alerta sobre lo mal que
entendemos este concepto pese a la saturación de mensajes. Porque inclusión no es
caridad sino un derecho y, para ella, quienes primero deben tenerlo claro son las familias.
“Es muy importante que las personas con discapacidad intelectual tengan acceso a un
puesto de trabajo, motivo por el que Adido puso en marcha el CEE de iniciativa social
Aspamadis, pero la inclusión es mucho más”, sostiene. “Vivimos en un mundo en el que le
ponemos etiquetas a todo, y a veces las familias solo ven la discapacidad como un
problema”, por lo que ella busca potenciar todo lo positivo que hay en cada uno de los
miembros de nuestra asociación para que vivan una vida plena.


De ahí que su trabajo tenga dos destinatarios: las familias y lo/as chico/as con discapacidad
intelectual. “Informo, asesoro y acompaño a los padres, para quienes la principal
preocupación es el futuro de sus hijos”. Cada persona y cada familia tiene unas
circunstancias particulares, pero Silvia es esa profesional que sabe estar a su lado en la
toma de decisiones que les permita conseguir “que sus hijo/as sean felices”. “Es un trabajo
gratificante, aunque a veces la propia profesión viene acompañada por un sinfín de trámites
o burocracia y como profesional afrontas retos aún pendientes como evitar que los padres
infantiles a sus hijo/as o, repito, sigan limitando nuestra función a la parte asistencial”.


¿Y con lo/as chico/as? Si le preguntamos al equipo seguro que responden que lo que más
les gusta es ver y analizar películas con Silvia o realizar actividades de ocio inclusivo. Y
tienen razón porque son actividades que les permiten relacionarse, socializar, normalizar su
discapacidad y descubrir que son mucho más capaces de lo que mucho/as creen. “Trabajar
con ellos es recibir sin filtros, son agradecidos, y me ayudan a valorar lo que es importante,
esas pequeñas cosas que le suman años a mi vida”, asegura esbozando una sonrisa.
Silvia seguirá buscando la implicación de las familias, para que tengan toda la información
que precisen y para que sus hijo/as puedan demostrar que sus capacidades como personas
están por encima de su discapacidad intelectual.

Ser trabajadora social no siempre es fácil: “debes acercarte a la persona pero manteniendo una distancia, pero es muy reconfortante conocer a otra gente, otras realidades y sentir que eres de ayuda”. Un trabajo con tres
pilares básicos que son “la empatía, la confidencialidad y, sobre todo, la escucha activa”, y
que ella define “como apasionante, en el que nunca hay dos días iguales y en el trato
directo con lo/as chico/as también suponen para mi momentos de distensión y diversión
porque con ello/as nada es fingido”.

VERTICALES (1)
El trabajo de Silvia no se reduce a gestionar soluciones asistenciales sino a escuchar y apoyar a las familias y a las personas con discapacidad, ayudando a divulgar nuestro proyecto organizativo y empresarial para la inclusión
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