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“El ser humano aprende con el ejemplo”. Y si hablamos de cómo aprender a construir un
mundo inclusivo, no hay herramienta educativa más poderosa que ver, de forma natural y
cotidiana, a personas con discapacidad intelectual compartiendo espacios,
responsabilidades y metas comunes. La frase inicial es de María Eugenia Basante Leitón.
Como jefa de residencias del Centro Residencial Docente Ourense sabe de lo habla, pues
es testigo de cómo nuestro/as trabajadore/as son ejemplo de compromiso, responsabilidad
y profesionalidad: para el equipo directivo y el personal administrativo, pero sobre todo para
los 160 jóvenes que residen en estos momentos en estas instalaciones del barrio de A
Cuña. Ese aprendizaje es, además, bidireccional, ya que al apoyar nuestro centro especial
de empleo dan ejemplo de cómo construir juntos un Ourense inclusivo, más justo y
solidario. Y para ello, como bien precisa Eugenia, necesitamos empatía.


Hablar con Eugenia nos permite, una vez más, poner en valor la importancia de la
economía social sin ánimo de lucro. Un modelo que además de generar una actividad
económica provoca un importante y necesario impacto social. El apoyo de una entidad
como el CRD Ourense y la Universidad Laboral al CEE de la asociación Adido permite
generar un entorno laboral para las personas con discapacidad intelectual en el que la
dignidad, la igualdad de oportunidades y el acompañamiento son pilares fundamentales. Un
modelo en el que la persona está por encima de todo y la rentabilidad se mide en cohesión,
aprendizaje y comunidad.


Hemos elegido a Eugenia para personalizar nuestro agradecimiento porque conoce el CRD
Ourense como nadie, ya que está aquí desde su creación. Y queríamos hacerlo antes de
que diga adiós a una larga vida laboral que comenzó con un contrato de un año en 1989.
Tutora, directora, jefa de residencias… a lo largo de estos 37 años de trabajo ha convivido
con cuatro directores y muchos, muchos residentes … cada uno con su historia personal,
sus problemas y sus inquietudes. Y también nos ha conocido y ha podido ver cómo
nuestro/as chico/as acuden cada semana a realizar su trabajo, con ilusión, alegría y energía
contagiosa y sin importar si llueve a mares o hace un calor sofocante.


Rosa, Elena, Juan, Miguelín, Susín, María José … tienen desde enero un motivo más para
sonreír según atraviesan recepción: verse en la enorme fotografía que se hicieron con el
director del centro, Francisco Javier García Gómez, cuando celebramos en nuestra sede la
jornada Una década sembrando inclusión. “Siempre vienen a trabajar contentos, pero ver su
reacción cuando pasan por delante de la fotografía…”, comenta Eugenia. No es de extrañar.
Se sienten valorados. Se sienten en casa.


Y que se sientan en casa es también el objetivo del equipo directivo para los 160
estudiantes que en estos momentos residen en el centro. “Empezamos el curso con 198!,
recuerda Eugenia, para quien después de tantos años también es su casa. Años en los que
todo ha cambiado mucho, sobre todo desde la irrupción de las redes sociales. Han traído un
exceso de exposición pública y un aluvión de mensajes no siempre positivos. Por eso,
considera tan especial e importante la convivencia de los residentes con nuestro/as
chico/as. “Adido y su centro especial de empleo Aspamadis hacéis un trabajo fantástico”,
comienza antes de añadir que nuestro equipo (personal de apoyo incluido) son un fantástico
ejemplo para lo/as jóvenes de cómo realizar una tarea con dedicación, compromiso y
responsabilidad. Son además un punto de ilusión y alegría contagiosa en el centro, aunque
la jefa de residencias lamenta que por cuestión de horarios no haya más contacto.


Se refiere a que nuestro equipo acude al CRD por las mañanas, cuando normalmente hay
pocos residentes ya que se encuentran en distintos centros de estudios ourensanos. Pero
verlo/as trabajar sonriendo y con ilusión tiene un efecto transformador y ayuda a romper
muchos prejuicios sobre la discapacidad intelectual. Ellos descubren que todas las personas
tienen muchas capacidades que demostrar. Nosotros aprendemos a compartir espacios con
jóvenes, enseñándoles con nuestra energía y espontaneidad que solo sumando se
construye un mundo inclusivo, que siempre es un mundo mejor.


A la pregunta de qué es lo primero que viene a su cabeza cuando escucha la palabra
inclusión responde con un único vocablo: empatía. Es decir, que para construir inclusión
debemos tener la capacidad de identificarnos con alguien para sentir y compartir sus
sentimientos. Sin empatía no puede existir una inclusión real y sostenible. La inclusión no se
limita a abrir espacios o crear oportunidades formales; implica comprender las necesidades,
capacidades y circunstancias de cada persona desde el respeto y la dignidad. Como bien
nos recuerda Eugenia, la empatía nos permite mirar más allá de las diferencias, cuestionar
prejuicios y adaptar entornos para que todos puedan participar en igualdad de condiciones.
Y está claro que sin esa disposición auténtica a entender al otro, cualquier iniciativa
inclusiva corre el riesgo de quedarse en lo superficial.


A Eugenia le quedan unos meses de tarea profesional antes de dedicarse a disfrutar con los
suyos de una nueva vida sin horarios pero con más planes (no para estudiar) sino para
hacer cosas que le apasionan como cocinar, viajar o practicar deporte. Hasta que llegue ese
momento seguirá correspondiendo con una sonrisa a los saludos de nuestro espontáneo
equipo. Ella, y todo el personal que trabaja en el CRD Ourense, desde directivos,
administrativos, cocineras… seguirán demostrando que juntos podemos impulsar
trayectorias personales que ayuden a construir una sociedad más justa, más consciente y
más preparada para entender que la diversidad no es una excepción, sino una riqueza.
Sirvan estas líneas de homenaje a una trayectoria profesional de casi cuatro décadas.

Sirvan, también, de agradecimiento a Eugenia y todo/as sus compañero/as porque ven la
inclusión desde la perspectiva de la economía social. No como asistencialismo ni caridad.
Como oportunidad y participación.


Seguiremos disfrutando de Eugenia estos meses. Y cuando se vaya, seguirá creciendo la
semilla que ella y todo el personal del Centro Residencial Docente Ourense nos ayuda a
sembrar cada día.


Gracias a todo/as por demostrar a nuestro lado desde hace una década que otra forma de
producir y vivir es posible. Aprender a construir un mundo inclusivo, como bien dice
Eugenia, empieza con el ejemplo.

Eugenia Basanta
Eugenia Basanta, casi cuatro décadas de trabajo en el Centro Residencial Docente de Ourense, un centro al que agradecemos su importante apoyo a nuestro proyecto de economía social

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